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Un estudio sobre el envejecimiento poblacional destaca que el ejercicio físico proporciona más años con calidad de vida

Investigadores suecos han publicado un nuevo estudio según el cual la práctica regular de ejercicio físico está asociada con un riesgo menor de padecer depresión a edades avanzadas.

Según indican estos científicos de la Universidad de Gotemburgo en la revista Health Psychology, una motivación originada en uno mismo y una percepción positiva de la propia competencia son factores importantes de cara a que las personas mayores realicen más ejercicio físico.

Las conclusiones se basan en un estudio de 17 500 personas de toda Europa con una edad media de 64 años. Los datos se extrajeron de un extenso estudio poblacional financiado con fondos europeos llamado SHARE (Encuesta sobre salud, envejecimiento y jubilación en Europa).

SHARE es ya un componente fundamental del Espacio Europeo de Investigación. En 2008 fue seleccionado como uno de los proyectos a llevar a cabo en el Foro Estratégico Europeo sobre Infraestructuras de Investigación (ESFRI), un instrumento diseñado para aumentar la integración científica de Europa y reforzar su proyección a escala internacional. Iniciado en 2002, posteriormente la Comisión Europea le asignaría nuevas partidas presupuestarias por medio del tema «Infraestructuras de investigación» tanto en el Sexto como en el Séptimo Programa Marco (6PM y 7PM), lo cual posibilitó la continuidad del proyecto y de su labor de recopilación de datos.

Magnus Lindwall, de la citada universidad y autor principal, comentó en relación a los hallazgos de su equipo: «Aún no conocemos con seguridad la relación causal que existe entre la actividad física y la depresión. Lo cierto es que las personas mayores que realizan ejercicio físico registran una tasa menor de depresión. Pero la incidencia de esta patología también puede repercutir en un menor grado de ejercicio físico, lo que apunta a una influencia mutua. Este es el primer estudio en explorar de qué manera la actividad física repercute en la incidencia futura de depresión y viceversa, y también si un cambio en la cantidad de ejercicio físico lleva aparejado un cambio posterior en cuanto a la incidencia de depresión.»

Dado el actual envejecimiento de la población europea, estudios como este resultan esenciales para orientar las recomendaciones gubernamentales relativas a la realización de ejercicio físico como medida de gran valor preventivo contra los trastornos de la salud mental a edad avanzada. Si la depresión es un factor que disminuye la frecuencia de ejercicio físico entre los más mayores, ejerce también repercusiones considerables en el conjunto de la sanidad.

Lindwall añadió: «Un punto importante que pretendíamos esclarecer era qué mueve a los mayores a realizar ejercicio físico. Las teorías motivacionales modernas postulan, por ejemplo, que aquellos individuos que se sienten competentes, que pueden tomar decisiones por sí mismos, que poseen libre albedrío, que perciben el ejercicio físico como una forma de integración social, experimentan una forma más personal y menos controlada de motivación para realizar ejercicio. Esta forma de motivación, a diferencia de otra clase de motivación externa y no surgida del propio individuo, también se asocia al mantenimiento de una actividad física regular a largo plazo, lo cual mejora las perspectivas de salud mental y física por los efectos positivos que proporciona el ejercicio. Estamos desarrollando y probando un programa estructurado con el que incrementar la motivación para realizar ejercicio físico entre los mayores de acuerdo con teorías de gran aceptación científica.»

La encuesta SHARE ha dado lugar a una base de datos multidisciplinaria y transnacional que recoge microdatos sobre salud, situación socioeconómica y redes sociales y familiares de más de 45 000 personas de 50 años o más. En primera instancia, el estudio se realizó en 2004 en Austria, Bélgica, Dinamarca, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Países Bajos, España, Suecia y Suiza.

En 2005 y 2006 se añadieron datos de República Checa, Israel y Polonia, mientras que en 2006 y 2007 la campaña de recogida de datos se amplió a Irlanda.

En 2008 y 2009 se realizó una nueva campaña de recogida de datos, titulada SHARELIFE y centrada en el historial de los individuos encuestados. SHARELIFE relaciona microdatos individuales del historial de los encuestados con macrodatos institucionales relacionados con la cobertura de la seguridad social. La comunidad científica puede valerse de esta información para estudiar a fondo el efecto de las intervenciones sociales estatales sobre la vida de los individuos, para después formular recomendaciones políticas. El cuestionario de SHARELIFE abarca todos los ámbitos importantes de la vida de los encuestados, entre ellos vida en pareja y niños, condiciones de vivienda, trayectoria laboral y preguntas detalladas sobre la salud y la atención sanitaria recibida.

Fuente: Cordis

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